19 jun 2011

América vulnerable

América Vulnerable
La incidencia de los factores socio - naturales

Comisión de publicación[1]

Resumen: A comienzos del tercer milenio podemos afirmar que la situación de riesgo en el continente americano se encuentra en uno de sus máximos posibles. Pretendemos abordar  las diversas dimensiones que dieron y dan origen a las problemáticas más delicadas,  exponer el grado de vulnerabilidad social producto de la naturaleza y de los hombres.
La presente es la primera entrega de una serie de trabajos elaborados con la finalidad de discutir las distintas formas que ponen en riesgo socio - natural a toda América Latina, abordando problemáticas referidas al ambiente y las sociedades que actúan en él.

Palabras clave: Riesgo, vulnerabilidad, recursos estratégicos, apropiación.


La gran diversidad natural ha sido objeto desde la época de la conquista de los apetitos más variados. Este flagelo no cambió a lo largo de la historia, y hoy, sigue siendo sometida a una amplia gama de apropiación. Desde la declaración en los noventa del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que coloca a América Latina como poseedora de una oferta natural envidiable: “Cinco de los doce países más ricos del mundo en cuanto a especies vegetales y animales – los llamados países de megadiversidad ecológica – están en América Latina: Brasil, Colombia, México,  Perú y Ecuador” (PNUD, 1991)
Deben sumarse a la afirmación de las Naciones Unidas, la amplitud de recursos que se encuentran localizados en toda la superficie latinoamericana; la región andina, la selva mesoamericana de Costa Rica, por mencionar una, las cuencas hidrográficas del Orinoco, Paraná – Plata, vastas zonas aptas para la producción agropecuaria, reservas de agua en estado sólido en la Patagonia Austral, en acuíferos como el Guaraní, hidrocarburos, entre muchas otras, nos ponen en alerta en la exigencia patrimonial como reserva o para su utilización.
Una práctica, siempre recibida con beneplácito por los gobiernos de turno de los países americanos, resulta  la iniciativa de las Naciones Unidas en declarar Patrimonio de la Humanidad, Reservas Biológicas o Históricas, los espacios que poseen reservas estratégicas de recursos, limitando su uso y colocando un velo legal sobre potenciales o probadas zonas vitales y fundamentalmente escasas.
El Parque Nacional los Glaciares, las Ruinas Jesuíticas del nordeste argentino, la Amazonia, por ejemplo, ¿son reservas cuya propiedad corresponde a cada estado nacional?
Ante la necesidad de explotación, ¿son soberanos los derechos patrimoniales? ¿Está protegida su tenencia por el Derecho Internacional?
“Es América Latina, la región de las venas abiertas. Desde el descubrimiento hasta nuestros días, todo se ha trasmutado siempre en capital europeo o, más tarde, norteamericano, y como tal se ha acumulado y se acumula en los lejanos centros de poder. Todo: la tierra, sus frutos y sus profundidades ricas en minerales, los hombres y su capacidad de trabajo y de consumo, los recursos naturales y los recursos humanos. El modo de producción y la estructura de clases de cada lugar han sido sucesivamente determinados, desde fuera, por su incorporación al engranaje universal del capitalismo. A cada cual se le ha asignado una función, siempre en beneficio del desarrollo de la metrópoli extranjera de turno, y se ha hecho infinita la cadena de las dependencias sucesivas, que tiene mucho más de dos eslabones, y que por cierto también comprende, dentro de América Latina, la opresión de los países pequeños por sus vecinos mayores y, fronteras adentro de cada país” (Galeano, 2003, p. 16)
El escenario global nos coloca en una situación de indefinición y de indefensión, la caída de las fronteras nacionales no son más que situar en zona oscura el presente y el futuro en todas sus dimensiones, donde las decisiones políticas que persiguen fines económicos producen consecuencias sociales, culturales y ambientales. “Uno de los problemas conceptuales más complicados que se plantea cuando se trata de justificar la dicotomía hombre – naturaleza es qué hacer con todas las cosas que permanecen en la zona gris en que se encuentran” (Reboratti, 2002)

Riesgo existente y riesgo adquirido

El territorio latinoamericano se encuentra inmerso en un riesgo permanente. La naturaleza expone periódicamente los avisos de su presencia. Diversas manifestaciones exógenas y endógenas nos demuestran el estado de vulnerabilidad  que pone en situación de riesgo a personas y bienes. Aumenta el estado de situación la actividad humana, ejercicio que genera, aún siendo responsable y sostenible, un impacto sobre el medio natural y artificial.
Esto hace necesario plantear algunas consideraciones conceptuales sobre riesgo y vulnerabilidad natural y social, exponiendo algunos casos puntuales que en la actualidad son objeto de esta frágil situación.
Actualmente existen escasos lugares en el continente y en el mundo que no pertenezcan, directa o indirectamente, al llamado ambiente del hombre (Ferry, 1994). El crecimiento de la población, en su gran mayoría, los sectores medio bajo y bajo, fueron ocupando territorios no seleccionados por decisión propia sino empujados hacia las regiones que se encuentran en situación de vulnerabilidad natural (zonas sísmicas, semi desérticas, profundamente erosionadas, inundables), sin contar con el elemento crucial para su radicación: el conocimiento de operar y desarrollarse en ámbitos acordes con sus pautas sociales y culturales. Otros, en cambio, ocupan los suburbios y conurbaciones de ciudades con distinto grado de importancia, ocupando también las actividades de menor o inexistente protección social. (Se excluyen de esta clasificación a aquellos pueblos que ocupan históricamente las regiones naturales vulnerables, como las andinas o selváticas, debido a que estos sí cuentan con atribuciones propias de estas regiones y pautas culturales tradicionales)
Vemos como lo natural y lo social forman parte de un mismo proceso, de beneficios particulares, restringidos y perjuicios globales; sostener lo salvaje o lo civilizado supone una dicotomía algo pasada de moda y de análisis parcial. Todos estamos expuestos a diferentes grados de riesgo y en consecuencia debemos conocerlos para tratar de comprender su dinámica y así elaborar pautas de análisis generales, sin desviar el foco de las particularidades propias de cada espacio. “Cuando más uno conoce sobre su historia, más se da cuenta que la tal naturaleza virgen no es lo que parece. Lejos de ser el lugar en la Tierra que se mantiene apartado de la humanidad, es un hecho profundamente humano. De hecho, es la creación de una cultura humana muy particular en momentos muy particulares de la historia humana. No es el santuario prístino donde los últimos remanentes de una naturaleza intocada –en peligro pero aún trascendente- pueden encontrarse sin la pátina de la civilización” (Cronon, 1996)


La construcción social del riesgo

Los fenómenos naturales existen desde la existencia misma del planeta. Lo mismo las consecuencias de sus efectos. Es a partir de la incorporación de la sociedad que produjo una variación sobre esa misma resultante. Desde la época del poblamiento americano estos fenómenos actuaron sobre las sociedades: Las sequías del nordeste brasileño de 1822 y en México de 1856 y 1900; el terremoto en Lima de 1746 y la crisis del suelo tucumano de la segunda mitad del Siglo XVIII, entre otros, que sumaron de manera más profunda las problemáticas de origen social.
Aunque parecen golpear sin previo aviso, los desastres son predecibles en diversos grados y sus efectos dependen de la vulnerabilidad ambiental y humana (PNUMA, 2000). En casi todos los casos puede señalarse una acumulación de eventos de impacto relativamente menor que compromete la capacidad de respuesta de los sistemas naturales, aumentando su vulnerabilidad. Aunque en este proceso de acumulación no hay un deterioro inmediatamente perceptible en el funcionamiento del sistema, el mismo se hace evidente cuando la zona se ve impactada por un evento de mayor intensidad.
En el ámbito de la nueva ciencia de la sustentabilidad crece la convicción entre los investigadores, respecto al valor del análisis de la relación sociedad-naturaleza (sistema ambiente), en varias escalas espaciales y temporales, así como a interpretar sus procesos (incluyendo los fenómenos contingentes, como el riesgo ambiental y las catástrofes), acorde con la posibilidad de intervenir a futuro sobre las trayectorias de cambio observadas. (Haberl, 2003). En cualquier caso, tanto éstas como las respuestas alternativas dependen de la escala de observación de los sistemas ambientales. (Iglesias, Roco, 2007, p. 9)
Los especialistas y los estados, son conocedores que la prevención, la previsión, la precaución, son actos que, llevados a cabo como política constante, resultan más efectivos, menos onerosos que la actuación post evento. Lógicamente debieran ser políticas de estado apoyadas en análisis de especialistas en cada tipo de riesgo, aunque ciertas realidades no lo demuestren. Si el destino de fondos para mecanismos preventivos no es considerado como oneroso sino como de inversión a mediano y largo plazo, otras serían las consecuencias para la sociedad.
Los eventos recientes en Chile y Haití afectados por movimientos sísmicos son prueba contundente de la actuación previa y temprana. Otras hubieran sido las consecuencias de la cantidad de pérdidas de vidas si los sistemas funcionaran coordinados. Lo anterior no responde a la capacidad financiera de los estados en hacer frente a situaciones de este tipo – como en el caso de Haití - . Ejemplos sobran en Cuba – supuestamente un país con profundos problemas económicos y financieros – cuando se conocen las cifras casi inexistentes de pérdidas humanas ante la presencia periódica de ciclones tropicales.
Si el mapa de los riesgos en América Latina es leído acorde a su vulnerabilidad, los sistemas de alerta temprana, de previsión y actuación, formarían parte del análisis y no las estadísticas post evento que consisten en armar un ranking de desastres y catástrofes sencillamente reducibles.


FUENTES CONSULTADAS

  • Comisión de Desarrollo y Medio Ambiente de América Latina y el Caribe (1991). Nuestra propia agenda. PNUD. México. P. 13.
  • Cronon, William (1996): “Uncommon Ground. Rethinking the human place”, en: Reboratti, Carlos (2002): Ambiente, sociedad y territorio. Una visión geográfica de nuestro mundo. Quilmes. UVQ.
  • Galeano, Eduardo (2003): Las venas abiertas de América Latina. Buenos Aires. Catálogos. XXII Edición, revisada y corregida.
  • Goodland, Robert (1997): “La tesis de que el mundo está en sus límites”, en: Goodland, Robert: Medio ambiente y desarrollo sostenible, más allá del Informe Bruntland. Madrid. Ed. Trotta.
  • HABERL, Helmut y otros (2003) “Progress towards sustainability? What the conceptual framework of material and energy flow accounting (MEFA) can offer, en: Iglesias, Alicia y Roco, Jorge (2007): Desafíos de la sustentabilidad del desarrollo. Estrategias de manejo del riesgo ambiental. Revista Universitaria de Geografía, 16, 13 – 48.P, 9.
  • Natenzon, Claudia (1995): Catástrofes Naturales, riesgo e incertidumbre. Serie Documentos e Informes de Investigación. Buenos Aires. FLACSO.
  • Panorama del impacto ambiental de los recientes desastres naturales en América Latina y el Caribe (2000). Documento preparado para el Comité Técnico Interagencial del Foro de Ministros de Medio Ambiente de América Latina y el Caribe, 23 de febrero de 2000, PNUMA, México, D.F., México.





[1] Geohistoricoeducativo.blogspot.com. Comisión de publicación. C.E.B.

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