El boom de los barrios cerrados
¿Segregación o auto segregación?
Gómez Cecilia, Torres Silvia[1]
Resumen: El actual modelo de acumulación capitalista muestra la dinámica que se consolida en América Latina desde los noventa, consecuencia de la apertura del continente a políticas de corte neoliberal. Son conocidos los efectos sociales de estos procesos, el aumento de la desocupación, empobrecimiento de la población, concentración de la riqueza en sectores que pudieron adaptarse al sistema dando lugar a un proceso de fuerte polarización social y a una concentración territorial en espacios de pobreza frente a espacios de riqueza. En este contexto, son las ciudades el espacio en donde los efectos de fragmentación y segregación son más visibles y evidentes, aunque estos fenómenos no son nuevos, un proceso complejo de segregación social urbana, producto no sólo del modelo económico, sino también de las decisiones tomadas por los propios actores sociales.
La privatización del espacio urbano, no es más que la privatización del espacio que antes era público y se encuentra avalada por legislación ad-hoc. Resultado de ello son áreas residenciales cerradas por muros y barreras que cuentan con vigilancia las 24 horas del día, con dispositivos de seguridad que impiden el libre acceso a ellos por parte de los no residentes. La mayoría de ellas está situada en donde hay tierra disponible para la realización de este tipo de emprendimientos, en las áreas suburbanas, donde se ha generado un importante cambio en los patrones de uso del suelo urbano.
Polarización social, paisaje contrastante, pobreza y riquezas dando forma a un nuevo modelo urbano. Paisajes perceptibles a simple vista en el conurbano bonaerense y aledaños, reafirmando y reproduciendo, el resultado de la globalización neoliberal, segregación o auto segregación.
Palabras clave: polarización, privatización, inseguridad, fragmentación, segregación, autosegregación.
“En realidad, la burguesía dispone únicamente de un método para resolver el problema de la vivienda de modo vacilante, es decir, resolverlo de modo que la solución continuamente reproduzca de nuevo el problema.” (Harvey, 2000).
Las áreas urbanas están cada vez más divididas y proclives al conflicto. Este es el resultado de las últimas tres décadas del siglo XX, lejos de encontrar soluciones, dicho proceso se aceleró y se diversificó, acentuando y reproduciendo en las formas espaciales de nuestras ciudades las características de la sociedad capitalista en el marco de la economía neoliberal. La brecha entre los ricos y pobres, los que tienen o no tienen, se hace cada vez más amplia y parece más difícil de cerrar.
Pero como si fuera poco en el interior de este proceso, se ecuentra otro, que afecto a la clase media. “Con una virulencia nunca vista, el proceso de dualización se manifestó al interior de las clases medias. La profunda brecha que se instaló entre ganadores y perdedores echó por tierra la representación de una clase media fuerte y culturalmente homogénea […]los noventa, terminaron por desmontar el anterior modelo de integración, poniendo en tela de juicio las representaciones de progreso y toda pretensión de unidad cultural y social de los sectores medios (Svampa, 2001). El resultado de esta diferenciación interclase, fue el surgimiento de “nuevos pobres, los perdedores […] por los nuevos patrones de segregación espacial, desarrollados en la última década. Nos referimos al proceso de suburbanización de algunos grupos medios y mediosaltos, a partir de la creciente expansión de urbanizaciones privadas, entre las cuales se destacan los barrios privados y los countries., […]” (Ibidem).
Cuando hablamos de los barrios cerrados, no hablamos de espacios homogéneos, sino de modelos bien diferenciados entre ellos: country actuales o barrios privados, country antiguos o clubes de campo y chacras. Los primeros son de tamaño variable, cuyo principal rasgo es la vigilancia y seguridad permanente, pueden existir dependencias de uso colectivo, tales como club-house o instalaciones deportivas; los segundos, se destacan por las instalaciones deportivas, un eje esencial de la vida del barrio y razón de que sus residentes pertenezcan a un grupo social más selecto capaz de solventar los costos de las expensas y cuotas sociales. En este sentido la residencia en los barrios cerrados es menos costosa; las chacras están más relacionadas con un estilo de vida cercano a la naturaleza, escapando de la urbanización, la diferencia en extensión es notable con referencia a los modelos antes mencionados. Entre los primeros las diferencias espaciales están dadas en relación a la clase alta o media alta, siendo la que corresponden a esta última las de menores dimensiones.
Los countries y barrios cerrados alcanzan hoy más de 400 emprendimientos solamente para la Región Metropolitana de Buenos Aires. Generalmente se encuentran ubicados cerca de vías rápidas de circulación facilitando el desplazamiento hacia las áreas centrales de la ciudad donde se desarrollan las actividades cotidianas. Al estar localizados en zonas periféricas de la ciudad, se encuentran cerca de villas inestables, acentuando los contrastes sociales.
El estudio sobre las causas del surgimiento de los barrios cerrados fue abordado por diferentes autores, encontrándose algunas que resultan coincidentes entre ellos: la inseguridad y la violencia urbana y la incapacidad del Estado para asegurar ciertos servicios considerados básicos; la desaparición en la ciudad del sentimiento de comunidad; el aumento de la desigualdad social y el acrecentamiento de la brecha entre pobres y ricos.
Sin duda la razón principal por la que han surgido los barrios cerrados es, según diferentes investigadores (Blakely y Zinder, 1997; Caldeira, 2000; Low 2000; Landman, 2000; Carvalho, 1997; Svampa, 2001), “el aumento del crimen, el miedo a la violencia y el sentimiento de vulnerabilidad respecto a este problema social. En el caso de Argentina, es evidente que en los últimos años, el boom de este tipo de emprendimientos urbanos ha estado totalmente determinado por el aumento de la violencia y la inseguridad urbana” (Roitman, 2003). La privatización de la seguridad es un nuevo elemento en las ciudades (Caldeira, 2000), relacionado a la aparición de barrios cerrados, pero no exclusivo de ellos, sino también de otros espacios públicos: bancos, negocios, shopping, clínicas y áreas residenciales entre otras. “Asimismo, la privatización de la seguridad aparece como una respuesta al fracaso del Estado en la provisión de este servicio, cuestionando y desafiando el monopolio del uso legítimo de la fuerza que el Estado poseía anteriormente” (Roitman, 2003). En este sentido, se trata de un nuevo estilo de gobernabilidad y de nuevas formas de control de la vida cotidiana, emanados desde los mismos individuos y no del Estado. Por otra parte, la seguridad de los barrios cerrados ha sido violada en innumerables ocasiones, cabe destacar entonces que la seguridad es una sensación y no un hecho.
Los barrios cerrados aparecen también como una moda, un verdadero proyecto inmobiliario impulsada por sector privado a través de los desarrolladores urbanos guiados por la lógica del mercado para la obtención de mayores beneficios económicos. Este tipo de emprendimiento urbano aparece como una solución para cierto grupo social que tiene ingresos altos y exige mayor seguridad y buscan evitar la heterogeneidad social de los barrios abiertos, como así también, todo contacto con situaciones de pobreza. Pero lo cierto es que más allá de cualquier interpretación estos proyectos residenciales representan la privatización del espacio público y su apropiación. Harvey decribe este hecho como la perdida de los ciudadanos sobre el “derecho a la ciudad” (Harvey, 2008), la apropiación de unos pocos de algo que fuera antes de todos y el Estado también contribuye a fomentar este proceso mediante la permisión del desarrollo de este tipo de emprendimientos privados y mediante la legislación vigente. Asimismo, el no satisfacer la demanda ciudadana de seguridad en la ciudad, lleva a que aquellos privilegiados que pueden satisfacer esta necesidad por sus propios medios, evidenciándose la existencia de profundas e injustas diferencias entre los distintos grupos socioeconómicos en cuanto al acceso a recursos y oportunidades.
Los que ganaron, los que perdieron, los de adentro y los de afuera en su sentido más amplio inmersos en el fenómeno de la segregación, que no es nuevo, sino inherente a la historia de las ciudades. La segregación social urbana puede entenderse como la separación espacial de los diferentes grupos sociales. En el interior de este proceso se encuentra el de la segregación residencial, uno de los resultados de este proceso de fragmentación social urbana. En este sentido los barrios cerrados constituyen un caso extremo de segregación social urbana donde los dispositivos de seguridad se convierten no sólo en barreras físicas, sino también sociales, estableciendo claramente los límites y las diferencias existentes en el tejido social. Si bien pueden establecerse algunas consecuencias positivas generadas a partir de estos emprendimientos tales como: facilitar la instalación de infraestructura y servicios básicos en la zona circundante, aumento en el valor del suelo y de las residencias de la zona, impulsar la actividad comercial del área y la creación de empleos (jardineros, guardias y servicio doméstico, construcción), el peso, las consecuencias negativas de los barrios cerrados es mayor ya que lleva implícito un sesgo de intolerancia al constituir enclaves exclusivos y refuerzan la polarización entre los de adentro y los de afuera. Pero caben las siguientes preguntas: ¿Quién segrega a quién? ¿Es la segregación es un fenómeno voluntario? ¿Es la autosegregación solamente un tipo de segregación?
En el caso de las personas que residen en un barrio cerrado, se trata de que ellos son los que deciden segregarse constituyendo un tipo de segregación voluntaria pero a la vez, los residentes en barrios cerrados segregan al resto de la población excluyéndola de los beneficios que ellos poseen y el Estado contribuye a fomentar este proceso de segregación. Son entonces los residentes de estos espacios cerrados los actores sociales que se autosegregan. Pero no podemos olvidar que, los que perdieron, los de afuera, los pobres estructurales son los actores sociales que no tienen elección en el nuevo modelo de la globalización neoliberal ni en ningún otro modelo anterior, la segregación social urbana es histórica y solo puede revertirse tal situación recuperando como dice Harvey: recuperando el derecho a la ciudad (Harvey, 2008).
FUENTES CONSULTADAS
Ciccolella, Pablo.” Globalización y dualización en la región metropolitana de Buenos Aires. Grandes inversiones y reestructuración socioterritorial en los años noventa”. EURE 1999, vol. 25, http://www.eure.cl/numero/globalizacion-y-dualizacion-en-la-region-
Harvey, David: (2000): “Lo urbano en 20 autores contemporáneos”, en: Mundos Urbanos Posible. A. M. Ramos, Françoise Choay Edicions UPC.
--------------------(2008): “El derecho a la Ciudad ”. Disponible en: www.scribd.com/.../David-Harvey
Robert, Federico (2004) “la Gran Muralla : aproximación al tema de los barrios cerrados”.Revista electrónica de geografía, Mundo Urbano www.mundourbano.unq.edu.ar/i
Roitman, Sonia (2003) “Barrios cerrados y segregación social urbana”. Scripta Nova. Revista electrónica de geografía y ciencias sociales. Barcelona: Universidad de Barcelona, 1 de agosto de 2003, vol. VII, núm. 146(118).<http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-146(118).htm>
Svampa, Maristella (2001): “Los que ganaron. La vida en los countries y barrios privados”. Buenos Aires: Biblos.
www.geohistoricoeducativo.blogspot.com
[1] Gómez, Cecilia y Torres, Silvia. Profesores en Historia del nivel secundario. Estudiantes del profesorado en Geografía. Cátedra de Investigación Geográfica II. I.S.F.D. Nº 34. El Palomar, Tres de Febrero. Provincia de Buenos Aires.
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